jueves, 11 de agosto de 2011

Poemas

Las espinas.

Las espinas,
las espinas del dolor,
aprietan mi alma,
estrujándola,
se clavan y sangro,
mi sangre enrojecida,
se escurre por mi pecho,
quema,
mi propia sangre me lastima,
un dolor intenso,
que arde y no se detiene,
todo por alimentar a las espinas,
con agua maldita,
agua que proviene del llanto de las almas,
yo he causado este dolor,
y ya no lo puedo detener,
me quemo.
 Florencia Olivos

Poemas

Tímpanos sangrantes

Grito de demonios,
que agarran mi ser,
arrastrándolo a la perdición,
rasgan mi cuerpo ensangrentado,
perforándolo,
dolor,
el agudo grito de demonios,
revientan mis tímpanos,
haciéndolos sangrar,
me hacen sentir,
que vomito coágulos de sangre,
tripas y viseras,
todo cubierto de sangre,
me lleva,
y caigo.
 Florencia Olivos

Poemas

Perdona tus pecados.

Arrodíllate sobre la sangre,
que has derramado,
y resa,
resa para que Dios,
perdone tus pecados,
los pecados que te condenan,
al dolor,
la pena
y la soledad,
esperando por un futuro mejor,
en donde sufrir valga la pena,
y siempre allá un final de cuentos,
la pregunta es,
¿Llegaras a ser perdonado por Dios?
¿Que Dios te perdone por querer se feliz?
no,
tu eres que debe perdonar,
perdonarte a ti mismo por lo que eres
y quieres ser,
esperando u futuro mejor.
 Florencia Olivos

Poemas

Sangre.

Sangre,
sangra seca
en el cadáver putrefacto,
sangre carmesí,
que se escurre por la herida,
la herida de la pena y el dolor,
heridas que no cesan,
una perforación echa por el demonio,
que rápidamente se derrama,
con el frió de mi alma se coagula,
no se seca,
no se seca,
sigue derraman doce,
sobre la copa de pecados,
que es la llave de las puertas del infierno,
mi alma enrojecida,
susurra en agonía
contando los pecados,
que me condenan,
a una eternidad sangrante.

Florencia Olivos


Poemas

Llanto carmesí

Lloro los pecados,
que condenas ni alma,
el miedo,
y no puedo correr,
encadenada
por los sangrientos pecados,
al pensar en el dolor,
mis ojos se mojan y
empiezo a llorar,
lagrimas rojas de dolor,
sangre escurre mis mejillas pálidas,
creando un mar rojo,
donde la gente se ahoga,
esperando olvidar
su dolor incondicional,
mientras yo,
sin poderme ahogar
sigo encadenada,
esperando resucitar.

Florencia Olivos