Sangre.
Sangre,
sangra seca
en el cadáver putrefacto,
sangre carmesí,
que se escurre por la herida,
la herida de la pena y el dolor,
heridas que no cesan,
una perforación echa por el demonio,
que rápidamente se derrama,
con el frió de mi alma se coagula,
no se seca,
no se seca,
sigue derraman doce,
sobre la copa de pecados,
que es la llave de las puertas del infierno,
mi alma enrojecida,
susurra en agonía
contando los pecados,
que me condenan,
a una eternidad sangrante.
Florencia Olivos
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