Lloro los pecados,
que condenas ni alma,
el miedo,
y no puedo correr,
encadenada
por los sangrientos pecados,
al pensar en el dolor,
mis ojos se mojan y
empiezo a llorar,
lagrimas rojas de dolor,
sangre escurre mis mejillas pálidas,
creando un mar rojo,
donde la gente se ahoga,
esperando olvidar
su dolor incondicional,
mientras yo,
sin poderme ahogar
sigo encadenada,
esperando resucitar.
Florencia Olivos
Florencia Olivos
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